Me recibí de abogado en la Facultad de Derecho de la Universidad de Buenos Aires
en el año 2010. Desde entonces, mi práctica se concentró en tres áreas que
suelen cruzarse en la vida de las personas: familia, civil y penal.
A lo largo de más de una década llevé adelante más de cien casos —algunos
sencillos, otros que requirieron años de litigio—. La constante en todos
ellos fue el mismo método: escuchar antes de aconsejar, explicar antes de
actuar, y litigar con preparación.
Trabajo con un volumen acotado de causas para garantizar atención personal.
Cada cliente conversa directamente conmigo, no con una secretaría.
“Un buen abogado no promete resultados. Promete análisis riguroso,
comunicación honesta y trabajo sostenido.”